lunes, 13 de octubre de 2014

Politizar la okupación, transformar el futuro

Articulo extraído de la web de la Oficina de Okupación de Madrid (okupatutambien.net)


La okupación en Madrid de un centro social por parte de un grupo fascista ha sido para muchxs de nosotrxs un impacto. De repente, una idea y una práctica que defendemos y usamos como herramientas de transformación social eran apropiadas por quienes representaban para nosotrxs un enemigo, una antítesis. La legitimación y apoyo social que en los últimos tiempos ha conseguido la okupación era así utilizada por un grupo fascista para su objetivo, tan contrario al nuestro, de dividir, excluir y atacar a nuestrxs vecinxs y a nosotrxs mismxs.

Nos preguntamos entonces ¿cómo era posible que nuestros caminos y luchas “coincidieran” en algo? Creemos que la okupación es una herramienta, que cada cual puede cargar con el contenido que quiera; creemos que la okupación puede ser fuertemente política, romper el sistema capitalista, pero no lo va a hacer si no la acompañamos de ideas que lo sean también y que busquen transformar la sociedad hacia otra donde la horizontalidad, la solidaridad y el apoyo mutuo sean la base. Okupar no nos convierte, sin más, en otra cosa diferente ni superior a quienes defienden el sistema. Necesitamos dotarnos de un discurso político, de una idea.

La situación de los últimos años ha supuesto que esta práctica sea llevada a cabo por muchas personas fundamentalmente por necesidad, una necesidad que nos ha llevado muchas veces a actuar sin hablar, sin reflexionar sobre lo que hacemos o lo que queremos del futuro. Progresivamente así, la okupación ha dejado de ser una idea ligada a “antisistemas” para aparecer como una solución válida para toda persona que se viera viviendo en la calle o estuviera en riesgo de llegar a esa situación. Nos hemos olvidado de acompañar la solución, aunque fuera temporal, con una razón para ello o una explicación del mundo. Si nos vemos en la calle no es por culpa de personas venidas de otros países que nos quiten el trabajo; es por culpa de un sistema que nos concibe como objetos cambiables a los que esclavizar o con los que especular, es por culpa del capital que busca obtener el máximo beneficio con el mínimo esfuerzo y del poder político que quiere dominarnos y controlarnos para autoreproducirse y blindar al capital. Son ellos, capital y poder político, quienes nos han convencido de dividir el mundo por nacionalidades o etnias para dividir nuestra capacidad de plantarles cara. Nuestrxs enemigxs no son nuestrxs vecinxs de otros colores, de otras culturas u otros mundos, nuestrxs enemigxs son ellxs: capital y poder político, sean cual sea su nacionalidad. Es en ese marco precisamente, donde nos han colocado la nación y la propiedad para dividirnos. Si la okupación puede ser profundamente política es porque ataca a la propiedad como base del sistema capitalista, negando su legitimidad; pero ello debe ir también acompañado de otras transformaciones, entre las que creemos necesaria, también, negar la nacionalidad como identidad excluyente, como forma de separarnos o sospechar del otrx. Sentirnos parte de una cultura no tiene por qué implicar ser enemigx del resto. Podemos ser diferentes pero comprendernos, apoyarnos y vivir juntxs; tenemos mucho más en común con nuestrxs vecinxs de otros lugares, que luchan cada día por sobrevivir, igual que nosotrxs, que con estxs empresarixs y políticxs españolxs que quieren controlarnos para enriquecerse y mantener su poder.

En este caso, el Hogar Social ha sido una provocación en un barrio multiétnico y popular, con una gran tradición de okupación y luchas vecinales; no nos cabe duda de que el grupo fascista que lo okupó buscaba dividir y aprovechar el trabajo hecho por todxs nosotrxs hasta ahora que habíamos conseguido legitimar la okupación, pero para unos fines muy diferentes. No es la primera vez que el fascismo utiliza el populismo para acercarse a la gente, al contrario, es la estrategia que han usado históricamente; muchxs de ellxs son probablemente también de origen social popular, pero eso no nos dice nada, pues explican el mundo de una forma que se contradice con la nuestra, creando prejuicios y barreras que no queremos. Desde que hicieron pública su okupación, han pegados a varixs vecinxs y atemorizado a muchxs otrxs en un barrio donde los múltiples colectivos que llevan años creando el tejido social fuerte se estaban organizando para plantarles cara, para decirles que no les querían allí, que lxs vecinxs de Tetuán no eran el problema, fuera de donde fueran, sino que su variedad cultural era precisamente uno de sus mayores riquezas. Creemos que la capacidad de todos estos colectivos y sus ideas claras, politizando la okupación y la lucha social, han sido un elemento importante para que finalmente ya no estén en el barrio.

Necesitamos recuperar el discurso político anticapitalista (y anarquista en nuestro caso) cada vez que hablemos de okupación; mencionándola solamente, sin añadir que luchamos también por otro mundo diferente, donde no compitamos entre nosotrxs sino que nos apoyemos y comprendamos, donde todxs seamos libres e iguales, corremos el riesgo de legitimar también a quienes, como en esta ocasión ha hecho Hogar Social, tienen ideas racistas y fascistas, tan diferentes a las nuestras y que, como en este caso, utilizan el discurso de la necesidad para ofrecer una alternativa tan detestable como el actual sistema. Creemos que no se trata ahora de criticar la okupación, de darnos cuenta, una vez más, de que no es más que una herramienta, sino de reflexionar y aprovechar este hecho para poner el acento en nuestras ideas políticas que nos llevan a utilizarla. Okupen o no okupen, son fascistas; lo que nos une a nosotrxs no es la okupación sin más, sino el deseo de vivir de otra forma, de ser todxs libres e iguales.

El fascismo es racismo, es homofobia, es machismo, es odio al diferente, es pensamiento único, es dominación. Combatir el capital es combatir el fascismo. Politicemos la okupación para luchar y ganar un futuro mejor.